El acné tiene su origen en un anormal funcionamiento del aparato pilosebáceo y engloba tanto los poros tapados (puntos negros o espinillas y puntos blancos), como los granitos y protuberancias más profundas (pústulas, quistes y nódulos) que aparecen en la cara, cuello, pecho, espalda, hombros e incluso en la parte superior de los brazos.
Está causado por cambios hormonales, el estrés o condicionantes genéticos, que provocan desequilibrios en la piel. Incluso pieles maduras pueden verse afectadas por este problema. Además, la falta de higiene puede agravar el proceso.
Un acné sin tratar o incorrectamente controlado, además de resultar extremadamente molesto, perjudicar la imagen de la persona y causarle trastornos psicológicos, le puede conducir a la aparición de cicatrices permanentes.
Nuestros tratamientos logran una notable disminución de las pústulas y pápulas; reducen el malestar y el enrojecimiento causado por las inflamaciones, y minimizan el tamaño de los poros.
El resultado es una piel visible y tangiblemente más limpia, pura y refinada.





