El 75% de la forma en que envejecemos depende de nuestro estilo de vida. Prevenir es más fácil que curar. Comenzar lo antes posible garantiza los mejores resultados.
La percepción de la edad o la belleza se relaciona con el estado de la epidermis, que responde en buena parte a la exposición al medio ambiente.
Son dos los factores que intervienen en el envejecimiento. Por un lado, el factor intrínseco, llamado también ‘cronoenvejecimiento’, que se produce por el paso de los años y afecta a todo el organismo, aunque en la piel es más visible. Se trata además de un proceso inevitable, determinado genéticamente, aunque un buen cuidado y tratamientos pueden retrasarlo.
Estos cambios producidos por el paso de los años empeoran por la influencia de elementos externos, como la radiación ultravioleta, el tabaco o la contaminación. Estos son los llamados factores extrínsecos, que aumentan la producción de radicales libres y producen daño en el ADN, disminuyen el nivel de colágeno y elastina y provocan numerosos daños en la piel.
Los factores extrínsecos son responsables de un 75% del envejecimiento.
La radiación ultravioleta y el fotoenvejecimiento
El factor extrínseco más perjudicial es la radiación ultravioleta (hasta un 80%). El fotoenvejecimiento es el daño que provocan los años de exposición de la piel al sol.
La piel se compone de tres capas: la epidermis o capa externa, la dermis o capa intermedia y el tejido subcutáneo o capa profunda. La dermis contiene colágeno, elastina y otras fibras que constituyen la estructura de la piel. Estos elementos, que aportan a la piel un aspecto liso y juvenil, son los que resultan dañados por la radiación ultravioleta (UVR).
Los UVR se componen de dos tipos diferentes de ondas, los rayos UVA y UVB. Cuando los rayos UV golpean la piel, los melanocitos luchan por producir melanina para depositarla en la epidermis. Este es el proceso del bronceado que, en realidad, es una reacción de defensa contra la radiación para que no penetre en la piel.
Los rayos UVB son más cortos que los rayos UVA y son el principal causante de las quemaduras solares. Los rayos UVA son responsables de gran parte de los daños que asociamos con el fotoenvejecimiento.
Estos rayos penetran profundamente en la dermis, donde se producen los daños a las fibras de colágeno, que provocan un aumento anormal de producción de elastina. Las cantidades inusuales de elastina inducen la producción de unas enzimas llamadas metaloproteinasas.
Estas enzimas, que reconstruyen el colágeno dañado, funcionan incorrectamente y lo degradan, determinando que la piel se reconstruya incorrectamente.
Como este proceso se repite con la exposición de UVA diaria, la piel reconstruida incorrectamente forma arrugas, y la reducción de colágeno da como resultado a una piel atrófica y de aspecto envejecido.





